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8/2/12

Mas de 100.000 visitas

Al estilo "catuliano", cambié el contador de visitas que tenía por uno nuevo que ofrece blogger y mi sorpresa también fue grata por el subidón que se produjo. Yo sabía que el anterior no era real porque en un par de ocasiones se había reseteado el sólo y bajado descomunalmente de visitas, pero aún así ya era feliz con las más de 62000 que contaba actualmente. Mi sorpresa ha sido que al habilitar el ofrecido de blogger, que al parecer contabiliza desde el inicio de la creación del blog a pesar de que no estaba disponible, he sobre pasado las 100.000 visitas con creces, de hecho camino de las 108.000, lo que me produce una gran alegría por el seguimiento creado en estos casi 3 años y medio que lleva activo.

Esperando no perder adeptos os agradezco a todos los visitantes vuestros paseos por estos escritos.

5/2/11

Una de "videoteca"

No hace mucho, en una prueba del V Circuit Ràpid Sant Martí 2011 nos grabaron a los "Mon" jugando en la ronda donde nos tocó emparejarnos. La lástima es que es justo al final del mismo enfrentamiento y poco se observa del mismo.

Lo más curioso del caso es que como vídeo jugando creo recordar que es la primera ocasión que os graban. Fotos tenemos unas cuantas, pero video es el primero y eso lo hace más entrañable. Para mi suerte encima soy el vencedor de la partida, que le vamos a hacer, me sabe tan mal (jejeje) ...

12/12/10

Una sobre niños ... y ajedrez

Realmente es impresionante observar un campeonato de crios, sobre todo aquellas categorías por debajo del sub-14, el resto ya parecen jugadores seniors prácticamente. Este fin de semana he tenido el "privilegio" de observarlo en directo debido a que mis hijos, hace un mes, han decidido aprender a jugar. Ese me ha "obligado" a apuntarlos primero en el CEEB del Barcelonés y al niño en el Memorial García Ilundáin "d'escacs de base". Yo sabía de estos torneos, hasta ahora, por lo que me comentaba MonLuis al llevar a sus hijos, u otros amigos que ya se habían visto en la tesitura de pasar por este proceso; pero jamás había llegado a imaginar la magnitud del acto. No es lo mismo ver a muchísimos jugadores de cualquier torneo que ver a tantísimo crio, muchos de los cuales no llegan con los pies al suelo una vez sentados.

Es algo espectacular ver a tanto niño jugando junto. La diferencia entre el viernes y el sábado, principalmente creo que era el bullicio de fondo. El viernes al ser un campeonato con 90 minutos por jugador, el silencio ambiental era más sepulcral, si bien era imposible que se diera del todo. La ventaja también estaba que a medida que acababan los niños, estos iban marchando por lo que el ruido ambiental no iba "in crescendo".

El sábado fue demoledor ese ruido. Al ser partidas en ritmo rápido (15' +5'') y 8 rondas en el mismo día, suponía una fiesta entre ronda y ronda. El ruído crecía y decrecía de manera ensordecedora entre ronda y ronda y era inevitable que una vez iban acabando, al tener más rondas en juego, la sala y anexos se convertían en una "zona de guerra". Algo de lo más sorprendente era observar como cientos de niños hiperactivos mientras esperaban el sorteo de la siguiente ronda se convertían en serenos niños concentrados en 32 trebejos y 64 casillas. No me podía creer la transformación de mi hijo por poner el ejemplo más cercano a mí; pero es que ese detalle era observable en muchísimos más por no decir en todos. Pasaban de seres incontrolables dedicados a divertirse lo máximo mientras no jugaban a seres calmados y centrados en esa nueva partida que les tocaba jugar; y así ronda tras ronda. El momento que colgaban las listas de la ronda era como ver una "ataque" de avispas; imaginaros ver decenas de niños corriendo a ver donde les tocaba jugar y agolpándose unos sobre otros para visualizar que tablero les tocaba. Ver las caras durante las partidas de tensión, de alegría, de lloros, ..., en muchos niños era vivir un momento impagable.

Rompepiernas fue también para los padres, entrenadores y demás acompañantes. Tengo que reconocer que 10 horas, casi todas de pie, con el torneo es una prueba de fuego inmensa que hay que pasar para saber de que se habla; también tengo que reconocer que es un cansancio llevadero porque ver disfrutar así a los niños no tiene precio. Algunos grupos estaban perfectamente organizados porque venían a modo de excursión prácticamente con todo muy bien estructurado.

También merecen un elogio los árbitros porque intentar mediar entre tanto niño es una faena ardua y diría que mal pagada. Tuvieron un trabajo contínuo y sin descanso que tal vez pasa inadvertido para la gran mayoría, pero creo que es algo que hay que destacar porque se merecen un aplauso por esa paciencia infinita de la que tuvieron que armarse.

Además, me parece que la organización (FCdE el sábado y conjuntamente el viernes con el Consell d'Esports Escolar de Barcelona)) hizo un trabajo impecable y tiene un futuro esplendoroso. Yo no recuerdo en mi época torneos de niños tan sublimes y numerosos como estos; amén de que creo recordar que las categorías ya eran menos que las actuales. Buen trabajo el realizado en este campo; muy buen trabajo sí.

El único punto negro que encontré es que observé comportamientos sumamente antideportivos, chulescos y fuera de todo orden de depotividad y reglamento en algún niño. Lo peor es que el padre o tutor lo viera en directo y encima casi le diera bendición al comportamiento del niño en lugar de quitarle razones a su hijo y enseñarle, en su lugar, los buenos valores que deben regir este noble juego. Antes de empezar a saber jugar creo necesario enseñarles las reglas de comportamiento así como las reglas básicas del juego; pero sobre todo educación que es un compendio de las reglas (tanto de juego como de comportamiento). Un crio puede ser ingenuo por desconocimiento de las reglas; pero de ahí a chulear a los contrarios e incluso a los árbitros... Mal andamos si no se les enseña desde el buen sentido y la buena práctica.

El viernes al menos habían 350 niños juntos peleando por la primera ronda del CEEB Escolar d'Escacs Individual 2011 en todas sus categorías: sub-8, sub-10, sub-12, sub-14 y sub-16.

El sábado casi llegaban a 300 los niños y jóvenes jugando por el Trofeo Memorial García Ilundáin Escacs de Base en sus diferentes categorías: sub-8, sub-10, sub-12, sub-14 y sub-20. Felicidades a todos los campeon@s de cada categoría.

11/11/08

Bobby Fischer "Chocolate"

En mi costumbre de intentar colgar una anécdota a la semana, en esta ocasión ha llegado el turno de explicar el apodo con el que conocíamos a nuestro "brother" Antonio Jiménez. El apodo estaba compuesto debido a dos hechos o situaciones:

  1. "Bobby Fischer" por el estilo de juego que tenía: astuto, pícaro, directo, agresivo, ingenioso, abierto, desenfadado, mortífero, avispado, ...; y cualquier sinónimo que podais relacionar con los adjetivos anteriores. Debido a ello se le empezó a llamar así.

  2. El adjunto de "chocolate" le vino por unas circunstancias que se dieron un 19 de diciembre de 1982, en una ronda del 40 Campeonato por equipos de Cataluña 82-83.

Era nuestro primer año de federados, de hecho llevábamos federados desde septiembre de ese año (ya que antes las temporadas eran de septiembre a agosto, no como ahora que son años naturales). En ese año 1982, en el Club d'Escacs Sant Martí, éramos 7 críos entre el resto de adultos del club (Javier Julià, Juan Manuel Martínez "juanma", Juan Ferrer "el ardilla", Jorge Bagán, Pablo Castillo, Luís Sánchez y Antonio Jiménez). Se dejó expresamente el equipo B para nosotros siete y nos repartíamos las rondas de juego: normalmente en casa jugaban Javier, Juan Manuel y Juan más uno de los cuatro últimos y fuera jugaban Jorge, Pablo, Luís y Antonio.

Como decía, era una ronda del por equipos. Jugábamos en Sant Celoni contra un filial de este club. Por la fecha os podéis imaginar el frío que podía hacer y más por Sant Celoni. De aquel local de juego recuerdo que en los bajos había un gran bar y accediendo por unas escaleras se subía al piso donde estaba la sala de juego. Como siempre, nuestro "taxista" era Antonio Martín (para nosotros siempre el Sr. Martín). Le encantaba llevarnos a jugar, ya que disfrutaba muchísimo con nosotros. Aquel día falló Monluis, y completamos el cuarteto con Juan.

Hacía un frío que pelaba y coincidió un momento en que los cuatro habíamos realizado nuestra jugada y nos habíamos reunido en la zona del bar. Allí estábamos concentrados en un letrero colgado que decía de forma clara e hipnotizadora: Chocolate calentito con churros. Con ese frío que nos tenía casi tiesos, este letrero ejercía en nosotros una atracción fatal.

La cuestión es que el Sr. Martín nos andaba buscando y tras no localizarnos por la sala de juego a ninguno, bajó al bar. Su estupor inicial fue grande cuando nos vío a los cuatro allí reunidos. Se acercó hacia nuestra posición y nos preguntó -algo enfadado- que hacíamos allí en lugar de estar pensando en los tableros. Con unas caras angelicales le hicimos referencia al letrero que anunciaba el chocolate calentito. Tras esgrimir una sonrisa esperanzadora, nos invitó a subir raudos y veloces a los tableros y nos anunció que todo aquel que ganara sería recompensado con un chocolate calentito con churros.

Dicho y hecho, solo quedó polvorilla en la barra del bar, ya que antes de que acabara la frase ya estábamos corriendo hacia los tableros. Me cuesta recordar el resultado de cada uno, pero sino me falla la memoria, Juan perdió, Jorge hizo tablas y yo gané (este resultado es seguro ya que guardo la partida) por lo que íbamos 1,5 a 1,5 quedando la partida de Antonio por finalizar.

Como siempre era una posición crítica por el estilo táctico de Antonio. De golpe, mirando la posición desde la barrera descubrí una jugada, aparentemente, ganadora. Antonio seguía concentrado en la posición y nos comenzó a entrar los nervios de que no viera la continuación debido a su tardanza en ejecutarla.

Me acerqué al oído del Sr. Martín y susurrándole le dije la jugada que había visto yo. Observó durante unos segundos y rápidamente me contestó en voz audible y clara: "chocolate". Tan clara que Antonio tras un par de segundos levantó la cabeza y soltó una sonrisa reveladora. Acababa de entender que esa palabra tan sólo significaba algo sencillo: que ganaba y con ello lograría la recompensa del chocolate. Poco después, también acabó viendo la continuación ganadora que no tardó en ejecutar y lograr la victoria. Acabó ganando la partida y con ello dando el triunfo final del match al equipo. De esta manera, como premio al esfuerzo y la situación divertida del "chocolate" en voz alta del Sr. Martín, todos nos vimos recompensados con los churros con chocolate calentito a costa del Sr. Martín, que pagó con gusto.

De ahí que finalmente Antonio adquiriera un nuevo adjetivo a su apodo, al lograr el punto decisivo tras escuchar la palabrita del Sr. Martín, quedando como alias: Bobby Fischer Chocolate.

por Monpablo

6/11/08

El mate fantasma

Érase un día de por equipos sobre el año 1983 o 1984 (ya la memoria da sus primeros signos de agotamiento histórico, que le vamos a hacer ...), cuando estábamos iniciando nuestra entrada en el mundillo. Nuestro "brother" Antonio Jiménez, alias "Bobby Fischer Chocolate", disputaba su partida cuando se encontró en una situación muy complicada, es decir, le amenazaban mate imparable, pero muy imparable.

Fue en ese momento de máxima tensión, que concentrado en sus pensamientos (o con una árdua picardía, a saber), mientras buscaba soluciones, localizó lo inimaginable: ¡¡tenía mate en una!!.

Fué así como abrazó su dama con las manos y la dirigió hacia el rey contrario y al posarla suavemente sobre el tablero cantó: ¡¡mate!!. Su contricante entró en un letargo amargo y no podía creerse como aquella posición se le había escapado y cómo podían haberle dado ese mate que él nunca había visto ni tenido en cuenta en sus cálculos. Echaba pestes mentalmente sobre su mala suerte, mientras el resto estupefactos no dábamos crédito a lo que veíamos sobre el tablero.

Los más picarescos, rápidamente, instaron a Antonio a firmar planillas para confirmar el final que acaba de producirse y pasar a los comentarios de la partida después. Una vez realizado el proceso que da fin a la partida de competición, fue cuando se "descubrió" lo irreal de la situación. ¡¡No era mate!!, tranquilamente el contrario podía realizar rey por dama, ya que a ésta no la cubría ni apoyaba nadie; el resto de piezas de su color estaban más preocupadas por su rey y no acompañaron a la dama en su aventura contra el rey contrario. En ese momento había quien se estiraba de los pelos, pero en el cegamiento de la tensión de la partida ninguno de los dos se dió cuenta. Ahora que su contrincante había descubierto el "mate fantasma", ya era tarde para recular, ya que vía firma en la planilla había sancionado el resultado final donde había regalado un punto a Antonio ante la incredulidad de todos.

Saludos Antonio, esperamos tus "brothers" que te vaya todo bien por Valencia.

por Monpablo

4/11/08

Dichosas maquinitas del pasado ...

Nos encontramos de nuevo en una ronda del Campeonato de Cataluña por equipos; pero en esta ocasión en el campeonato siguiente a las dos "anécdotas" anteriores (léase "El frío hiela la mente" y "1985: Odisea en el espacio ferroviario").

Después de haber alcanzado el ascenso a lo que sería la actual Preferente en el año anterior, nos dirigíamos un 1 de diciembre de 1985 hacia Cerdanyola del Vallés a jugar la 8ª ronda de esa temporada. Nos tocaba el Cerdanyola del Vallés "B", que para nosotros era un equipazo por aquel momento y teníamos el agravante de que nos estábamos jugando de nuevo el ascenso en este final de campeonato a la 2ª División (hecho histórico para la entidad del Sant Martí).

El equipo estaba compuesto por: Julio Pérez, Jorge Repiso, Manel Riera, Luís Sánchez, Joan Prat, Antonio Jiménez, Lluis Julián (The Doctor), Pablo Castillo, Genís Ruíz y Evarist Pérez.

El resultado final del match fue de empate a 5, lo que fue una proeza por parte de nuestro equipo viendo la composición de ambos, ya que nos sacaban ranking a "borbotones" en todos los tableros y encima con mi "estimable" ayudita aún más.

Resulta que a la hora y media, poco más o menos, de haber comenzado el match (antes comenzaban a las 9 de la mañana), Antonio Jiménez y Monluis habían acabado y ganado sus respectivas partidas. Después de haber realizado mi jugada, me levanté de la silla y me acerqué al bar que estaba en la sala anexa a la de juego buscando a mis "brothers". Allí me los encontré a los dos disfrutando de una máquina tipo futbolín, pero que era de hockey hielo (además creo recordar que había otras máquinas recreativas diversas). Estaban partidos de risa jugando ambos cuando me invadió la "envidia" por perderme tal diversión, pero claro, eran sobre las 10:30 de la mañana y en teoría el match no había hecho más que comenzar.

Me preguntaron por mi partida, a lo que les contesté que tenía una posición extraña donde ganaba una calidad a cambio de unos peones muy jodidos en el centro, pero que tenía para un buen rato siendo muy optimista; mientras la envidia me seguía corroyendo por dentro al verles disfrutar de tal máquina y ellos sabiéndolo, aún incidían más en ese aspecto provocando aún unas risotadas más grandes (cabr...). La cuestión es que tuve que volver a la sala de juego mientras ellos se despedían de mí con palabras de ánimo (?) y recordándome lo bien que se lo estaban pasando, que acabara "rapidito" que se iba la mañana y yo me aburría mientras ellos se lo estaban pasando "pipa". Me marché del bar ráudo para no verles y echando pestes por lo mamonzuelos que eran.

Pero ¡¡eureca!!, yo que soy de grandes recursos y hábil para ponerlos en práctica en el menor tiempo posible, solventé la situación con una rapidez exquisita: era muy simple, en la jugada siguiente realicé uno de mis movimientos espontáneos que ocasionó que tuviera que abandonar inmediatamente. Que lucidez de visión la mía, que frialdad en ejecutar jugadas, que precisión en realizar la jugada justa que necesitaba en aquel momento para volver ráudo y veloz al bar (a aquella maquinita que me estaba llamando en mi interior mientras las risas de mis amigos seguían resonandome en la cabeza), que capacidad de reacción la mía, ..., pero que "gilipollas" con perdón. Como se puede ser tan inútil, porque no tenía otra palabra mi jugada 23.

Después del ridículo bochornoso de acabar de aquella manera retorné a la sala de juegos recreativos del bar y pedí turno para jugar con ellos. Me dijeron que no, que yo estaba jugando y hasta que no acabara nada. Les dije que sí, que ya había acabado. Claro, no se lo creían porque entre la última vez que me vieron y este momento no habían pasado ni cinco minutos. De golpe reaccionaron y los tres reventamos de risa al comprobar que era cierto que había acabado. Lo que era capaz de hacer por jugar a aquella máquina me dijeron los dos, así que el resto de la mañana transcurrió de lo más divertido a pesar de mi estrepitoso ridículo y la nula ayuda al equipo. También es cierto que después de aquello nunca más volvieron a incentivarme en ningún match más, dado que comprobaron de lo que era capaz.

Y para muestra de mi incompetencia ajedrecística, aquí os expongo mi "brillante" partida de aquel día. En mi favor que yo por aquella época era 2ª categoría (no existía aún el ranking como tal por denajo de preferente) y mi contricante Preferente, por lo que mediaba un abismo teóricamente entre ambos, así que al menos ya tuve "narices" de jugarle tan alegremente la apertura a quien me superaba de tal manera (quien no se consuela es porque no quiere, jejeje). Menos mal que el equipo acabó ascendiendo nuevamente esa temporada.





por Monpablo

14/10/08

1985: Odisea en el espacio ferroviario

Siguiendo con mi anecdotario, no puedo omitir la odisea que sufrimos en 1985, exactamente el día 13 de enero. En el mismo campeonato, que no en el mismo año "estelar" que la fría aventura de Centelles, nos tocó vivir una inclemencia aún más penosa unas rondas más tarde.

Era un domingo, curiosamente soleado, pero con temperaturas que hacían desaparecer el mercurio de los termómetros. Nuevamente, trás un inhumano madrugón, nos disponíamos, una vez más, a comenzar nuestra parafarnalia previa a cualquier desplazamiento alejado. Todo estaba preparado: suficientes chistorritas, bacon, butifarras, ...; y por supuesto acompañado por unos panes de "pagès", "tomaquet", "oli", el vinito de "marras" y el "cremat".

El equipo: Julio Pérez, Salomó Ollé, Joan Prat, Jorge Repiso, Manel Riera, Antonio Martín, Pablo Castillo y Antonio Jiménez. Como veis, aquí Monluis no aparece, fue castigado al banquillo por "esa jugadita más" que tanto nos hizo sufrir (es broma Mon ...).

Pero !sorpresa¡, la mañana despertó con una gran nevada que impedía el uso y disfrute de la "señora" furgoneta del Sr.Prat, "transbordador espacial" que nos transportaba por toda la geografía de la província de Barcelona.

Fue entonces cuando nos adentramos en la increible aventura que nos esperaba. Salimos del club camino hacia Vic, pero intentando salir de la ciudad nos encontramos con unas "pistas de esquí" inesperadas. Como en el Sant Martí somos gente de recursos, la solución inicial fue fácil: a correr a la estación de Renfe de Sant Andreu, desde allí cogeríamos un tren (claro está, con la esperanza de que las vías no estuvieran impracticables por la nieve. Por supuesto, todo el almuerzo fue cuidadosamente cargado en mochilas (o eran cutres bolsas de plástico -ya no recuerdo-) para su tranporte con nosotros (cualquiera dejaba aquello en Barcelona con los "buenos" aromas que desprendían).

Primer problema: el Sr. Martín y Salomó Ollé venían directos a la estación después de haberse dormido y no haber llegado a tiempo a la concentración del equipo en las inmediaciones del club.

Segundo problema: imposible venir con su vehículo por la dificultad de circular a causa de la nieve caída. Por lo tanto sólo localizar un taxi (tarea nada fácil) les separaba de llegar a tiempo a la estación. LLegaron, pero a destiempo de alcanzar el tren. Sólo nos quedaba una solución, intentar adelantar al tren en aquellas condiciones. Para ello, nos subimos en dos taxis con la intención de llegar a Granollers y allí "pillar" el tren que habíamos perdido. Dicho y hecho (alabados sean los taxistas atrevidos e "incautos" que osaron transportarnos por aquellas calles blancas y resbaladizas; y lo que aún es peor, por las carreteras impracticables camino a Granolers).

Tan sólo tengo una imagen fotográfica en mis recuerdos de los alrededores de la estación de Renfe de Sant Andreu, en la confluencia de la Avenida Meridiana y la calle Fabra i Puig: caótica (todo blanco a excepción de las líneas paralelas, que no rectas, que iban dejando los únicos atrevidos que por allí "patinaban").

Una vez logrado nuestro objetivo, que no era otro que lograr transporte hacia Granollers y allí enlazar con el dichoso tren, nos asentamos muy cómodamente en los vagones. Digo muy cómodamente, porque ibamos solos, completamente solos 8 personas en todo un tren (a excepción, claro está, del conductor del mismo -menos mal-).

Como se hacía difícil que el conductor del tren hubiera aceptado realizar una parada para dar cuenta del asombroso almuerzo que portábamos, pues, en nuestra línea de ser un club con recursos, la solución fue fácil: hornillo de gas y a cocinar, jejeje. Así fue, el Sr. Prat se prestó a colocar el hornillo en un lugar que no supusiera un riesgo de caída (no fuera que las chistorras acbaran en el suelo) y a cocinar raudo y veloz. Si señor, un gran almuerzo disfrutando de un bucólico paisage -blanco brillante gracias a los primeros rayos de sol- por allí por donde pasábamos, además de la tranquilidad que transmitían esos vagones vacíos. Esta vez el vino sobrante no acabó en el radiador de nuestra queridísima furgoneta, ante esa imposibilidad, se dió buena cuenta de su cantidad. Tuvimos suerte que no había ni revisor y nadie nos increpó por la humareda.

Tercer problema: llegamos a Vic, además casi dentro del horario previsto de inicio del match. ¿Dónde está el problema os preguntareis?, pues el problema era del equipo contrario, jeje, no había casi ni uno. Ante tal inclemencia temporal, no se esperaban ni por asomo que fueramos a jugar. Vic, claro está, estaba completamente nevada. Pero no, allí estábamos, todo el equipo al completo y sin contrarios.

Ese uno comenzó a llamar nerviosa y rápidamente a su equipo que fueron llegando tímidamente con las lagañas aún pegadas en los ojos. Al ir llegando, nos miraban entre una cara de sorpresa y de odio por haberles interrumpido los dulces sueños. ¿Qué "narices" hacíamos allí con aquella "pedazo" de nevada se preguntaban?. Catalunya quedó medio colapsada e incomunicada en muchos puntos de su geografía por la fuerte nevada caída. En nuestro desconocimiento (o fue inconciencia), desconocíamos que solo nosotros y un par de clubes más que osaron realizar algo parecido fuimos a jugar ese día. La FCE anuló dicha ronda (a excepción de los que si jugamos) por "desastre meteorológico" y pasó a jugarse otro día.

Somos el Sant Martí, y a nosotros que somos más bastos que los de "Lepe", no nos iban a cohibir unos "copitos de nieve", por favor y menos perdernos nuestro "generoso" almuerzo. Hay la leyenda que cada vez que se organizaba almuerzo, el equipo nunca perdía. La verdad es que sólo recuerdo una vez que sucediera, yo no jugué ese día, fue en la última ronda de este mismo campeonato; eso sí, fue un almuerzo de "judías" con chorizo o algo así, por lo que no me extraña que se quedaran atascados, tanto de mente como de cuerpo. Monluis si estuvo ese día, tal vez en alguna ocasión quiera recordarlo por aquí.

El match casi que es una mera anécdotilla en este día. Decir que ganamos 4,5 a 3,5 y que Antonio Jiménez y yo mismo finalizamos rápidamente nuestras partidas dando dos puntos al equipo para deleite de nuestro "tutor" el Sr. Martín que siempre hacía por jugar en medio de nosotros para disfrutar de partidas ingeniosas (sobretodo por la de Antonio Jiménez, alias "Boby Fischer Chocolate" -ápodo dulce, digno de otra historia que ya os contaré para vuestro pesar). También ganaron ese día Julio y Salomó. Tablas del Sr. Martín y perdieron Manel, Jorge alias "Repi" y el Sr. Prat. Por suerte, esta vez acabamos antes del mediodía.

Importante victoria, al igual que la de Centelles, para el ascenso final que se logró. Tocaba celebrarlo y volver a Barcelona, gran problema ese. La cuestión es que para no perder tiempo se decidió ir a la estación de Renfe a coger el primer tren de vuelta.

Cuarto problema: no había tren debido a las condiciones de nieve, teníamos que esperar.

Nuevamente en nuestra condición de ser gente con recursos y de moral inquebrantable, solución salomónica, a comer en la estación. Se fueron a buscar unos "pollos a l'ast" que amenizaran la espera hasta la disponibilidad de un conwoy ferroviario que nos devolviera a nuestras casas.

Quinto problema: el rubor de comer cuales "homus erectus", a mordiscos, en una estación "abarrotá" como una plaza de toros cuando va a realizar faena el torero de moda. La antítesis del viaje matutino que ibamos solos.

En una esquina, ocupando un "pedazo de banco inmenso" y de espacio vital dentro de aquella sobreocupada estación. Comiendo cuales trogloditas. Amenizamos la espera hasta que Renfe, y eso si que fue una buena y sorprendente noticia viniendo de ellos, solventó los problemas técnicos para poder realizar viaje con seguridad. La gente nos miraba como si fueramos extraterrestres (algo de eso debíamos tener).

La tarde, una vez acomodados en el vagón, se fue haciendo fría y oscura; y el sueño atacó rápidamente con el vaivén del tren y los estragos del pollo haciendo la digestión.

Moraleja: no por mucho madrugar ... se llega más temprano (y menos en RENFE).

por Monpablo

8/10/08

El frío hiela la mente ...

Erase una vez, allá por el día 9 de diciembre del año 1984, que dos jóvenes inquietos e incrédulos sacaron oro de donde nadie veía ni hojalata. Me explico.

Era un domingo nublado y frío, y tempranamente (demasiado) habíamos quedado 8 jugadores del Sant Martí (Julio Pérez, Salomó Ollé, Jorge Repiso, Joan Prat, Antonio Martín, Pablo Castillo, Antonio Jiménez y Luis Sánchez) dispuestos a aguantar tales inclemencias del tiempo. Así, que una vez acomodados en el interior de la furgoneta (muy bien equipada para el domingueo con sus fogones, mesas y demás enseres necesarios) del Sr. Prat, comenzamos viaje hacia la localidad de Centelles. Allí nos esperaba un match del Campeonato por equipos de Catalunya contra el equipo B del Centelles, dentro del grupo II de lo que sería hoy la 1ª Provincial.

A mitad del camino, cuando aún la niebla estaba baja, hicimos una parada en un descampado para in situ realizar el ritual previo a las salidas que siempre hacia el primer equipo del C.E. Sant Martí. No era otra cosa que dar cuenta de un almuerzo ejemplar: butifarras, choricitos, chistorrita, bacon, huevos fritos, ...; y como no, todo ello regado de un buen vino de garrafón que despertaba a los "muertos". Ese mismo vino sobrante lo usaba el Sr. Prat como refrigerante de la furgoneta. Para rematar un "cremat", como no.

Una vez con el estómago contento, retomamos el camino hasta llegar a Centelles (que se encontraba dentro de un paradisiaco paisage nevado) y con un frio estremecedor nos dispusimos a comenzar el match. Llegado el mediodía las cosas no podían ir peor para nosotros. Empatábamos 3 a 3 y quedaron dos partidas aplazadas para la tarde.

Una de ellas a cargo de mi "brother" Monluis que ante el estrés del reloj, cuando había llegado ya al control, ante su duda de haberlo conseguido, se le escapó una frasecita: "...una jugadita más..."; dicho y hecho, realizó una jugadita más innecesaria para el control, pero que él desconocía, y ante la rapidez en hacerla, realizó un movimiento digamos que menos "bueno" y se complicó una partida que tenía para ganarla (nuestras caras eran un poema en ese preciso instante). Otra a cargo de nuestro recordado Joan Prat, digamos que ésta estaba más perdida que el "carrascuca". Total que, ante este panorama, buscamos lugar donde acallar el ronrroneo de nuestros estómagos. Ya en la sobremesa, empezaron las inquietudes de gran parte del equipo y sin perder tiempo sacaron un tablero donde empezar a analizar y corregir esa última jugadita de más, que si bien complicó, aún daba síntomas de poderse ganar con arte y maestría. De la otra nadie se preocupó dado que ni un milagro hacía preveer que se pudiera ni siquiera empatar.

Ya en la furgoneta, mientras el resto del equipo seguía divagando sobre la partida que debía ganarse, Antonio Jiménez y yo mismo (los mocosos del equipo junto a Luis Sánchez) decidimos coger un pequeño tablero de bolsillo (de aquellos que se clavaban las piezas al mismo, ya que no había ningún otro disponible); y ponernos a analizar la posición de la otra partida aplazada, a la que nadie le había prestado atención hasta el momento (imaginaros "cuan" perdida estaba). Bastaron 10 segundos para darnos cuenta ambos que de aquella posición no se podía sacar nada positivo si el contrario jugaba con cierta normalidad.

Así que sólo nos quedó una opción: buscar la "anormalidad" en los planes. Y casualidades de la vida, encontramos una línea (sólo una, ¡¡pero que solo una eh!!, no os creais que había más) para el Sr. Prat, que si su contrario colaboraba mucho (pero "muchísimo") podía llevar la partida a una posición de tablas muertas. Pero no es que necesitáramos que el contrario jugase una jugada mala, no, es que necesitabamos que jugase una detrás de otra hasta llegar a la posición que se requería para entonces asestar el golpe de gracia y lograr unas tablas heroicas. ¿Con qué contábamos?, pues con el pensamiento de que como la partida estaba ganada con "cualquiera", pués eso, que pensasen que cualquiera serviria.

Ahora venía el segundo problema, hacerle entender al Sr. Prat, después de convencer al resto del equipo que debíamos intentar tal locura, que debía jugar esa línea y solo esa (porque además no había opción a jugar otro plan por parte nuestro que pudiera sacar algo positivo); y claro está, esperar que su contricante fuera haciendo todas las "malas" una a una. Nos quedamos con la duda, pero después de intensas explicaciones, a Antonio y a mi, nos pareció que el Sr. Prat había "pillado" la situación, entendido que estaba perdido y que sólo podía contar con esa línea y rezar para que su contrario se contagiase de energías negativas (uff!!, lo que costó). Jugamos con la ventaja que dicho plan, a pesar de ser malo por necesitar la ayuda del otro, iba en sintonía con el estilo lento del Sr. Prat (vamos!!, que no era nada táctico).

Se retomaron las partidas aplazadas, y como era de esperar, la de Monluis se ganó trás un buen control de éste, sorteando las complicaciones que se había autoimpuesto por la dichosa jugadita de más. ¿Y la otra?, pués tal y como habíamos soñado Antonio y yo, el Sr. Camprubí (contrario del Sr. Prat) realizó la única jugada inicial que podía llevarle al cataclismo y además tuvimos el favor de que no habían analizado dicha partida de lo clara que era. Momento en el que empezaron nuestros temores hasta que Joan respondió tal y como le habíamos explicado, a lo que su contrincante, empeñado en alegranos el día, siguió efectuando esas varias jugadas "malísimas" para que nuestro árduo plan llegará a su fin tal y como habíamos previsto. Se hizo el milagro y sacamos petróleo de donde no había con el empate final en esa partida (lástima no tenerla para reproducir tan "digno" final). Nunca un empate había sabido como una victoria.

Tal final rocambolesco supuso que ganásemos el macth por 4,5 a 3,5 y con ello acabáramos el campeonato en segunda posición del grupo y el subsiguiente ascenso de categoría. Además, nos vimos envueltos en una espontánea celebración al salir del local trás bajar por unas lúgubres, estrechas y largas escaleras que daban acceso al local del Centelles. Los abrazos entre todos crearon un clima contrapuesto al gris y nevado de la ya tarde-noche y completó un día en esos que se hacen inolvidables de por vida.

Por último, desde aquí, un recuerdo a nuestro queridísmo Sr. Prat, que seguro, que allí donde esté, aún debe recordar dicha anécdota con esa siempre mediasonrisa. También un recuerdo para los que peor lo pasaron, los hermanos Campubrí, que fueron ambos los contrincantes del Sr. Prat y de Monluis, que mal día debió ser para ellos, supongo que tanto frío les dejó la mente y las ideas congeladas.

La moraleja: que nada debe darse por perdido, ni siquiera lo más evidente.

por Monpablo

26/9/08

Rescatando nuestros inicios ajedrecísticos

Después de unas interesantes explicaciones de catulo, me veo con la confianza de poder colgar una partida como prometí en nuestro escrito de inaguración.

Se trata de la primera partida seria y de campeonato que jugamos los "mon". Fue allá por el año 1982, en el Campeonato Social de Primavera del club (antes del 1983, cuando comenzaron los sociales contabilizados hasta la actualidad, se solían hacer dos sociales anuales: uno en primavera y otro en otoño.

Seguramente esta partida, conjuntamente con un par de matches al mejor de 25 partidas ganadas, fueron el inicio de nuestra duradera rivalidad ajedrecística. Actualmente y ya desde hace unos años nos jugamos un almuerzo en cada torneo que coincidimos, el que peor clasificado queda, paga (creo que últimamente pago demasiado...). Aquellos dos matches iniciales fueron anteriores a esta partida que se verá a continuación. En esos matches quedamos 1 a 1. El primero gané yo por 25 a 16 y en el segundo ganó Monluis por 25 a 24 (es increible como pude perderlo cuando iba ganando 24 a 19; y conseguí lo impensable, perder 6 partidas seguidas). En esa época casi ni sabíamos dar el mate de torre y rey contra rey.

Poco después de esos dos matches que debieron ser en los meses de febrero y marzo de 1982, nos apuntamos a este primer torneo serio para nosotros. Un campeonato social de todos contra todos que comenzó justo el 16 de abril de 1982 y ya en la primera ronda, adivinad!!: sí, ya nos tocó jugar juntos. Después de esa partida han venido 41 más, amén de 22 partidas más en campeonatos de semirrápidas y más de 3800 partidas rápidas que tengamos contabilizadas (pero todo esto ya será carnaza de futuros artículos).

Volviendo a los que nos traía a este tema, os cuelgo nuestra primera partida de campeonato juntos. Omitir los juicios de valor, porque realmente el nivel es patético (incluso hay mate), pero para nosotros es de un gran valor sentimental por lo que ha representado posteriormente.

Partida jugada el 16 de abril de 1982-->

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por Monpablo

Presentación de Monluis

Bien, bien, bien... así que lo que no era más que una simple conversación nacida a raiz del nuevo blog creado por nuestro compañero y amigo Joan Fontanillas, se ha convertido de la mano de mi queridísimo brother en una realidad. Ya tenemos blog y como era de esperar, blog conjunto. !Esto es lo que se dice vidas paralelas!

Vale, de acuerdo. Así las cosas, no me queda más remedio que escribir una presentación y debería escribir cosas de vez en cuando para que el blog se vaya actualizando, y de esta manera, mantener un mínimo de interés por parte de nuestros sufridos lectores.

Me inicié en este mundillo, si bien de manera muy incipiente, allá por el año 1980. En aquel lejano año, mi querido maestro y amigo Joan Prat (que en paz descanse) que era padre de una amiguita de clase (yo cursaba el 6º curso de la EGB) se ofreció a la escuela para dar unas clases de ajedrez a los niños que les pudiera interesar. Todo empezó con un pequeño torneo entre todos los alumnos de 6º (más de 100 alumnos) en ese torneo logré el segundo lugar. Llegué a la final y en esa memorable partida en la que me jugaba el ser o no ser de mi futuro ajedrecista, conseguí rendir a un nivel que si bien en aquel momento me sorprendió negativamente, ahora con la perspectiva de los años y conociendo cual ha sido mi futuro ajedrecístico (hasta el momento, claro) lo veo como lo más lógico que le podía ocurrir a un negado como yo! bueno, que me pierdo por los cerros de Úbeda... como decía, en aquella decisiva partida desplegué un nivel absolutamente nefasto -como decía, el nivel al que estoy acostumbrado- y la perdí en 4 jugadas magistrales de mi rival (un niño repelente y empollón... de esos de gafitas y flequillo que siempre hacía los deberes y sacaba notas buenísimas) fui víctima del famoso y durísimo MATE PASTOR.

A partir de aquella experiencia mística empezamos las clases y las competiciones escolares por equipos. Allí coincidí e inicié una duradera amistad con dos ex-ajedrecistas del glorioso Sant Martí, Javier Julià y Antonio Jiménez. Allá por el año 1982, creo que muy a principios, el Sr. Prat (como se le conocía al entrañable Joan) decidió que había llegado el momento de que conociéramos el ajedrez en esencia pura y qué mejor que llevarnos a un club plagado de figuras ajedrecísticas y con una progresión geométrica hacia las más altas cotas de la nada! al famoso CLUB DE AJEDREZ SANT MARTÍ. Allí conocí a mi brother Pablo Castillo y desde aquellos momentos ya quedé prendado en este milenario y maravilloso juego-deporte-ciencia.

Y, hasta aquí escribo... que lo mismo me he pasado y os he rayado mucho para ser el principio.

Por Monluis