14/10/08

1985: Odisea en el espacio ferroviario

Siguiendo con mi anecdotario, no puedo omitir la odisea que sufrimos en 1985, exactamente el día 13 de enero. En el mismo campeonato, que no en el mismo año "estelar" que la fría aventura de Centelles, nos tocó vivir una inclemencia aún más penosa unas rondas más tarde.

Era un domingo, curiosamente soleado, pero con temperaturas que hacían desaparecer el mercurio de los termómetros. Nuevamente, trás un inhumano madrugón, nos disponíamos, una vez más, a comenzar nuestra parafarnalia previa a cualquier desplazamiento alejado. Todo estaba preparado: suficientes chistorritas, bacon, butifarras, ...; y por supuesto acompañado por unos panes de "pagès", "tomaquet", "oli", el vinito de "marras" y el "cremat".

El equipo: Julio Pérez, Salomó Ollé, Joan Prat, Jorge Repiso, Manel Riera, Antonio Martín, Pablo Castillo y Antonio Jiménez. Como veis, aquí Monluis no aparece, fue castigado al banquillo por "esa jugadita más" que tanto nos hizo sufrir (es broma Mon ...).

Pero !sorpresa¡, la mañana despertó con una gran nevada que impedía el uso y disfrute de la "señora" furgoneta del Sr.Prat, "transbordador espacial" que nos transportaba por toda la geografía de la província de Barcelona.

Fue entonces cuando nos adentramos en la increible aventura que nos esperaba. Salimos del club camino hacia Vic, pero intentando salir de la ciudad nos encontramos con unas "pistas de esquí" inesperadas. Como en el Sant Martí somos gente de recursos, la solución inicial fue fácil: a correr a la estación de Renfe de Sant Andreu, desde allí cogeríamos un tren (claro está, con la esperanza de que las vías no estuvieran impracticables por la nieve. Por supuesto, todo el almuerzo fue cuidadosamente cargado en mochilas (o eran cutres bolsas de plástico -ya no recuerdo-) para su tranporte con nosotros (cualquiera dejaba aquello en Barcelona con los "buenos" aromas que desprendían).

Primer problema: el Sr. Martín y Salomó Ollé venían directos a la estación después de haberse dormido y no haber llegado a tiempo a la concentración del equipo en las inmediaciones del club.

Segundo problema: imposible venir con su vehículo por la dificultad de circular a causa de la nieve caída. Por lo tanto sólo localizar un taxi (tarea nada fácil) les separaba de llegar a tiempo a la estación. LLegaron, pero a destiempo de alcanzar el tren. Sólo nos quedaba una solución, intentar adelantar al tren en aquellas condiciones. Para ello, nos subimos en dos taxis con la intención de llegar a Granollers y allí "pillar" el tren que habíamos perdido. Dicho y hecho (alabados sean los taxistas atrevidos e "incautos" que osaron transportarnos por aquellas calles blancas y resbaladizas; y lo que aún es peor, por las carreteras impracticables camino a Granolers).

Tan sólo tengo una imagen fotográfica en mis recuerdos de los alrededores de la estación de Renfe de Sant Andreu, en la confluencia de la Avenida Meridiana y la calle Fabra i Puig: caótica (todo blanco a excepción de las líneas paralelas, que no rectas, que iban dejando los únicos atrevidos que por allí "patinaban").

Una vez logrado nuestro objetivo, que no era otro que lograr transporte hacia Granollers y allí enlazar con el dichoso tren, nos asentamos muy cómodamente en los vagones. Digo muy cómodamente, porque ibamos solos, completamente solos 8 personas en todo un tren (a excepción, claro está, del conductor del mismo -menos mal-).

Como se hacía difícil que el conductor del tren hubiera aceptado realizar una parada para dar cuenta del asombroso almuerzo que portábamos, pues, en nuestra línea de ser un club con recursos, la solución fue fácil: hornillo de gas y a cocinar, jejeje. Así fue, el Sr. Prat se prestó a colocar el hornillo en un lugar que no supusiera un riesgo de caída (no fuera que las chistorras acbaran en el suelo) y a cocinar raudo y veloz. Si señor, un gran almuerzo disfrutando de un bucólico paisage -blanco brillante gracias a los primeros rayos de sol- por allí por donde pasábamos, además de la tranquilidad que transmitían esos vagones vacíos. Esta vez el vino sobrante no acabó en el radiador de nuestra queridísima furgoneta, ante esa imposibilidad, se dió buena cuenta de su cantidad. Tuvimos suerte que no había ni revisor y nadie nos increpó por la humareda.

Tercer problema: llegamos a Vic, además casi dentro del horario previsto de inicio del match. ¿Dónde está el problema os preguntareis?, pues el problema era del equipo contrario, jeje, no había casi ni uno. Ante tal inclemencia temporal, no se esperaban ni por asomo que fueramos a jugar. Vic, claro está, estaba completamente nevada. Pero no, allí estábamos, todo el equipo al completo y sin contrarios.

Ese uno comenzó a llamar nerviosa y rápidamente a su equipo que fueron llegando tímidamente con las lagañas aún pegadas en los ojos. Al ir llegando, nos miraban entre una cara de sorpresa y de odio por haberles interrumpido los dulces sueños. ¿Qué "narices" hacíamos allí con aquella "pedazo" de nevada se preguntaban?. Catalunya quedó medio colapsada e incomunicada en muchos puntos de su geografía por la fuerte nevada caída. En nuestro desconocimiento (o fue inconciencia), desconocíamos que solo nosotros y un par de clubes más que osaron realizar algo parecido fuimos a jugar ese día. La FCE anuló dicha ronda (a excepción de los que si jugamos) por "desastre meteorológico" y pasó a jugarse otro día.

Somos el Sant Martí, y a nosotros que somos más bastos que los de "Lepe", no nos iban a cohibir unos "copitos de nieve", por favor y menos perdernos nuestro "generoso" almuerzo. Hay la leyenda que cada vez que se organizaba almuerzo, el equipo nunca perdía. La verdad es que sólo recuerdo una vez que sucediera, yo no jugué ese día, fue en la última ronda de este mismo campeonato; eso sí, fue un almuerzo de "judías" con chorizo o algo así, por lo que no me extraña que se quedaran atascados, tanto de mente como de cuerpo. Monluis si estuvo ese día, tal vez en alguna ocasión quiera recordarlo por aquí.

El match casi que es una mera anécdotilla en este día. Decir que ganamos 4,5 a 3,5 y que Antonio Jiménez y yo mismo finalizamos rápidamente nuestras partidas dando dos puntos al equipo para deleite de nuestro "tutor" el Sr. Martín que siempre hacía por jugar en medio de nosotros para disfrutar de partidas ingeniosas (sobretodo por la de Antonio Jiménez, alias "Boby Fischer Chocolate" -ápodo dulce, digno de otra historia que ya os contaré para vuestro pesar). También ganaron ese día Julio y Salomó. Tablas del Sr. Martín y perdieron Manel, Jorge alias "Repi" y el Sr. Prat. Por suerte, esta vez acabamos antes del mediodía.

Importante victoria, al igual que la de Centelles, para el ascenso final que se logró. Tocaba celebrarlo y volver a Barcelona, gran problema ese. La cuestión es que para no perder tiempo se decidió ir a la estación de Renfe a coger el primer tren de vuelta.

Cuarto problema: no había tren debido a las condiciones de nieve, teníamos que esperar.

Nuevamente en nuestra condición de ser gente con recursos y de moral inquebrantable, solución salomónica, a comer en la estación. Se fueron a buscar unos "pollos a l'ast" que amenizaran la espera hasta la disponibilidad de un conwoy ferroviario que nos devolviera a nuestras casas.

Quinto problema: el rubor de comer cuales "homus erectus", a mordiscos, en una estación "abarrotá" como una plaza de toros cuando va a realizar faena el torero de moda. La antítesis del viaje matutino que ibamos solos.

En una esquina, ocupando un "pedazo de banco inmenso" y de espacio vital dentro de aquella sobreocupada estación. Comiendo cuales trogloditas. Amenizamos la espera hasta que Renfe, y eso si que fue una buena y sorprendente noticia viniendo de ellos, solventó los problemas técnicos para poder realizar viaje con seguridad. La gente nos miraba como si fueramos extraterrestres (algo de eso debíamos tener).

La tarde, una vez acomodados en el vagón, se fue haciendo fría y oscura; y el sueño atacó rápidamente con el vaivén del tren y los estragos del pollo haciendo la digestión.

Moraleja: no por mucho madrugar ... se llega más temprano (y menos en RENFE).

por Monpablo

6 comentarios:

Catulo dijo...

Ya me imagino la odisea porque, trabajando en Vic, yo también he padecido más de un trayecto "complicado" por culpa del clima o de la imcompetencia manifiesta de RENFE...
Lo que no comprendo es como la FCDE va regalando por ahí insignias de oro y plata de la federació y no os condecoró a vosotros, los héroes de aquella nevada.

Jordi Sabater i Comas dijo...

Como molan las batallitas, ya te veo como un dulce abuelito moderno que con los nietos lejos, les cuenta historias desde su blog. Que tiennnno.

Patty dijo...

¡Menuda historia! Eso sí que es afición, ir a jugar desafiando a las condiciones meteorológicas y a la RENFE (que es aún más dura). La cara que se les pondría a los de Vic tuvo que ser digna de verse.

Monpablo dijo...

No daban crédito a nuestra presencia, se quedaron de piedra a medida que los iban llamando para que vinieran rápidos a jugar, jeje.

Ricard dijo...

Hola¡

Algunas de estas batallitas muy resumidas, deberían salir en la revisión de nuestro libro, que creo que para el 40 aniversario, en el 2014, debería ser publicado.

Ll.

Catulo dijo...

Opino como Ricard, la revisión de la Historia del Club debería incluir más anécdotas como ésta.